Mejora tu fibromialgia con ejercicio terapéutico
5 (100%) 2 votes

EJERCICIO TERAPÉUTICO Y FIBROMIALGIA

Numerosas evidencias clínicas han documentado que los pacientes con fibromialgia están físicamente desacondicionados.

La agravación del dolor musculoesquelético generalizado tras el esfuerzo físico lleva a los pacientes a limitar sus actividades, creando así un círculo vicioso en el que el estado físico se deteriora progresivamente y la tolerancia al esfuerzo se reduce inexorablemente.

Cuando la exacerbación del dolor se produce no sólo a través del esfuerzo físico de una cierta intensidad, sino también a través de la ejecución de las actividades normales de la vida diaria, se establece una discapacidad real.

 

ESTRATEGIAS TERAPÉUTICAS NO FARMACOLÓGICAS

Las estrategias terapéuticas no farmacológicas dirigidas a mejorar el estado aeróbico, la fuerza y la resistencia muscular son una oportunidad importante de intervención para reducir la discapacidad inducida por la enfermedad.

La actividad física aeróbica (AFA) y el ejercicio físico (EF), entendidos como una subcategoría de AFA planificada, estructurada, repetitiva y que resulta en una mejora o mantenimiento de uno o más aspectos de la forma física, han demostrado ser métodos eficaces.

Utilizados tanto solos como en combinación con estrategias cognitivo-conductuales, son efectivos para mejorar la función y reducir el estrés psicológico, aumentar el acondicionamiento muscular, reducir la fatiga y los síntomas depresivos.

Los efectos de la fibromialgia, de hecho, no se producen sólo en el músculo, sino en numerosos órganos y aparatos a nivel de los cuales se han documentado, en pacientes fibromiálgicos, alteraciones de los mecanismos reguladores.

En particular, muchos de los síntomas que acompañan a los pacientes, incluyendo la exacerbación del dolor musculoesquelético después de la ejecución de esfuerzos físicos, estarían determinados por alteraciones en el sistema nervioso autónomo, es decir, todas aquellas estructuras del sistema nervioso que regulan las funciones fisiológicas involuntarias.

Recientemente se ha demostrado que el ejercicio físico es capaz de modular la actividad del sistema nervioso autónomo de los pacientes fibromiálgicos, corrigiendo esa situación de función alterada llamada “disautonomía”.

EJERCICIO TERAPÉUTICO AERÓBICO

AFA como caminar, montar en bicicleta, nadar o hacer ejercicio en el agua es la mejor manera de que los pacientes con fibromialgia emprendan un programa terapéutico para mejorar su estado físico. Para ser efectivo, un programa AFA debe tener estas características:

– La frecuencia cardíaca (FC) durante el ejercicio debe estar dentro de un rango del 40 al 80% del máximo esperado, fácilmente calculable (220 – edad);

– La frecuencia de las sesiones debe ser de 2 o, como máximo, 3 por semana;

– La duración media de cada sesión debe ser de 40 a 60 minutos;

– El programa debe incluir al menos 12 semanas de tratamiento.

La fase de máxima intensidad de un programa debe ir siempre precedida de una fase de calentamiento y seguida de una fase de relajación de menor intensidad. El calentamiento es una fase de trabajo de baja carga dirigida a la activación gradual de la circulación periférica y del flujo coronario a nivel cardíaco; la activación progresiva de todos los principales grupos musculares también elimina el riesgo de rotura muscular.

La relajación se realiza siempre con una carga de trabajo baja y tiene por objeto, en cambio, restablecer gradualmente los parámetros básicos (presión arterial, frecuencia cardíaca, temperatura) y eliminar los riesgos de una rápida interrupción del ejercicio (disminución repentina de la presión arterial, alteraciones de la frecuencia cardíaca).

Ambas fases se pueden llevar a cabo con ejercicios sencillos coordinados con respiración y movilización lenta de las distintas zonas corporales involucradas y deben durar al menos 10 minutos.

El estiramiento de los principales grupos musculares de las extremidades superiores e inferiores es un método útil para recuperar la elasticidad y reducir la tensión muscular y se recomienda como método para finalizar una sesión de AFA.

Particularmente útil fue el AFA realizado tanto en agua termal como en agua no termal calentada a 34°C. Este método, realizado 2-3 veces por semana, combina los efectos beneficiosos del ejercicio físico con la acción descontracturante del agua y el calor.

Sólo en los últimos años se ha incluido el ejercicio de fortalecimiento como parte integrante de un programa de rehabilitación y, por consiguiente, son relativamente pocos los estudios que han evaluado el efecto de este tipo de ejercicio.

En nuestra experiencia, los ejercicios de fortalecimiento muscular deben realizarse sólo después de que se haya recuperado una buena condición física, obtenida a través de programas AFA, y sólo bajo la estrecha supervisión del fisioterapeuta, para evitar la administración de cargas de trabajo excesivas para cada paciente de manera individualizada.

 

OTROS MÉTODOS DE EJERCICIO TERAPÉUTICO

Otros métodos basados en la actividad física, como el Tai-Chi y el Qui-Gong, antiguas disciplinas que implican ejercicios de bajo impacto con posturas sentado, acostado y de pie, han demostrado ser eficaces para reducir el dolor, la fatiga subjetiva y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Independientemente del tipo de EF que se lleve a cabo, la intensidad del trabajo realizado debe ser individualizada en función de las características de cada paciente en particular.

Una regla empírica es no inducir el aumento del dolor al día siguiente de la realización del ejercicio; si esto ocurre, significa que la carga de trabajo ha sido demasiado pesada y, por lo tanto, es necesario reducirla (por ejemplo, reduciendo el tiempo, la FC o el número de repeticiones de un ejercicio en particular).

 

ALGUNOS CONSEJOS PRÁCTICOS

– Comience la actividad física de acuerdo con las instrucciones de su fisioterapeuta sobre intensidad y duración; el ejercicio debe ser prescrito de acuerdo con las mismas reglas que al prescribir un medicamento.

– El uso de un pulsómetro es indispensable para calcular fácilmente las cargas de trabajo a las que está sometido.

– Caminar a paso rápido o trote ligero, para aumentar progresivamente los tiempos e intervalos de los ejercicios de respiración, es una buena solución para iniciar el programa de reacondicionamiento físico.

– Inicialmente, limite la frecuencia del programa a dos sesiones por semana, sin exceder la FC del 40 al 60% de la frecuencia cardiaca máxima.

– El AFA en agua caliente a 34°C o, mejor aún, en agua termal, es más eficaz para mejorar algunos de los síntomas que lo acompañan, como la depresión, la ansiedad y el estrés.

– Una o más sesiones con la supervisión del fisioterapeuta son muy útiles para aprender la correcta ejecución de los ejercicios (por ejemplo, estiramiento de los principales grupos musculares).

Un aspecto de fundamental importancia es la valoración del dolor post-ejercicio para evaluar si el programa prescrito está calibrado para su posible desempeño; en caso de aumento reducir la intensidad de la carga de trabajo, al menos temporalmente.